
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha visitado este jueves La Revuelta tras aceptar la invitación lanzada por David BroncanoRTVE
A punto de cumplirse tres meses de la entrada masiva de personas en Ceuta, los días 30 y 31 de julio, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez ,ha admitido este jueves en La Revuelta que aquella crisis «se pudo gestionar mejor». En su primera entrevista de precampaña, Sánchez ha reconocido que el Gobierno pudo cometer errores, aunque ha defendido la actuación de las autoridades y ha argumentado que una respuesta más agresiva seguramente habría causado «una cifra mayor» de víctimas. Preguntado por los errores que ha cometido durante su mandato, también ha señalado la corrupción vinculada al caso Koldo. «Crees conocer a la gente y de repente se desvela una cara que te quedas helado, y es el caso de Ábalos», ha lamentado sobre el que era su mano derecha y ahora está en la cárcel.
En cualquier caso, no ha profundizado mucho sobre los casos de corrupción que rodean al PSOE. Ha admitido que han sido una «decepción doble» y uno de los mayores errores de su etapa en el Gobierno. Preguntado por si sospechó de su antiguo colaborador, ha respondido: «De verdad que no. Crees conocer a la gente y de repente se desvela una cara que te quedas helado, y es el caso de Ábalos».
Sobre Ceuta sí ha tratado de defender su gestión al señalar que el Gobierno ha invertido «millones de euros» en la frontera y ha querido hacer un esfuerzo por mantener una relación «lo más constructiva posible» con Marruecos. Sánchez ha insistido en la dificultad de gestionar esta frontera y ha aludido a las 141 personas que murieron durante la entrada masiva. «Es una situación difícil, compleja, y la estamos gestionando bien», ha defendido.
«Si hubiéramos hecho algo más agresivo, estaríamos hablando de una cifra mayor», ha insistido, antes de volver a reivindicar las plazas que ha habilitado el Gobierno para los migrantes y toda la gestión de estos últimos meses. Ha cifrado en más de 12.000 los retornos voluntarios a Marruecos y ha sostenido que el Estado debe controlar sus fronteras y combatir a las mafias, pero ha señalado que la «fortaleza del Estado no significa un trato inhumano» de los migrantes.
Sánchez también ha evocado los primeros años en Moncloa y ha reconocido que tenía la sensación de que las decisiones que se tomaban por la mañana podían quedar contrarrestadas por otras por la tarde. Una dinámica de «tejer y destejer» que, según ha explicado, le dejaba al final del día con una sensación «agridulce» y «en empate».
Sobre su relación con la justicia, Sánchez ha defendido que decisiones como la ley de amnistía son herramientas que permiten resolver conflictos y devolver la gestión política a Cataluña. En todo caso, ha admitido que la norma ha podido incomodar a parte de la judicatura, pero ha rechazado que esa reacción sea responsabilidad de sus gobiernos.
Preguntado por las críticas a que el poder ejecutivo se pronuncie sobre decisiones judiciales, el presidente ha defendido su derecho a discrepar de determinadas resoluciones. «Ante una sentencia que considero injusta, como la del anterior fiscal general del Estado, tengo la convicción y el deber de fijar una posición con absoluto respeto«, ha señalado.
Sánchez también ha defendido a su mujer, Begoña Gómez, y a su hermano, David Sánchez: sobre las causas que les afectan, ha denunciado que «se han traspasado líneas rojas» y ha dicho que peleará por la inocencia de ambos. Su respuesta ha sido distinta al abordar la polémica por las joyas halladas en el despacho de José Luis Rodríguez Zapatero: no ha defendido expresamente la actuación del expresidente y, preguntado por si el episodio puede despertar sospechas, se ha limitado a argumentar que «muchas veces los presidentes del Gobierno no saben cuáles son los obsequio que el anfitrión te da».