Una mujer muerta, 90 rescatados, vehículos arrastrados, calles anegadas... Una potente riada causa estragos en Madrigueras

Imágenes de los estragos de una potente riada en Madrigueras (Albacete), a principios de octubre.

Los meteorólogos señalan que «estamos en una atmósfera con más energía» proveniente de una mayor evaporación de agua y el aumento de la temperatura del aire. Para mitigarlo, piden reducir «drásticamente» las emisiones.

«Estamos en una atmósfera con más energía». Así resume el portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), Rubén del Campo, la razón por la que las lluvias torrenciales son cada vez más intensas y descargan mayor cantidad de agua en menor tiempo. Claros ejemplos de esta agresiva forma de llover cada vez más habitual son la reciente riada registrada en Madrigueras (Albacete), la mayor en los últimos 50 años que se llevó la vida de una vecina centenaria y dejó cuantiosos daños materiales, o el calificado como «minihuracán» de Cataluña, que los meteorólogos creen que pudo ser el inicio de la primera ciclogénesis tropical de la historia en todo el Mediterráneo, con registros de casi 300 litros por metro cuadrado en algunos puntos.

«Básicamente lo que está ocurriendo es que tanto la atmósfera como los océanos están experimentando un calentamiento que, además, en los últimos años se está acelerando. Sobre los océanos más calientes, hay una mayor evaporación de agua (el agua caliente se evapora más rápido que el agua fría) y, al haber mayor evaporación, hay una mayor disponibilidad de agua en la atmósfera para cuando haya unas condiciones atmosféricas favorables para que llueva, como por ejemplo un frente frío, una vaguada o una DANA», explica Del Campo a 20minutos.

En estas situaciones atmosféricas, prosigue el meteorólogo, «lo que hace el mar más caliente es aportar más energía, es decir, hay una mayor inestabilidad atmosférica, hay un mayor contraste entre la temperatura de la superficie del mar y la temperatura de las capas altas de la atmósfera, y esto hace que las nubes de tormenta que se forman sean más potentes, tengan mayor tamaño, sean más energéticas, sean capaces de generar una lluvia más torrencial y fenómenos adversos asociados a la lluvia o a las tormentas, como el granizo o vientos muy fuertes o tornados».

Del Campo añade un factor más: la temperatura de la atmósfera, cada vez más caliente. «Una atmósfera más caliente es capaz de acoger en su seno más cantidad de vapor de agua. Es un sistema que se alimenta por estas dos vertientes: el mar, al estar más caliente, evapora más agua; y simultáneamente, la atmósfera, al estar más caliente, es capaz de acoger todo ese vapor de agua. En definitiva, cuando hay un episodio favorable para que haya lluvias torrenciales, hay mucha más agua disponible para que llueva con fuerza».

Según los últimos datos del Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S), el mes de septiembre de 2026 fue el segundo septiembre más cálido jamás registrado a nivel mundial, solo por detrás del de 2023. La temperatura media global del aire en superficie fue de 16,27°C (1,63°C por encima del nivel preindustrial). Además, la temperatura media de la superficie del mar fue de 21,05°C, la más alta jamás registrada para septiembre. Este valor superó el anterior récord para ese mes, de 20,92°C, establecido en 2023.

En este contexto, la meteoróloga de eltiempo.es Mar Gómez, coincide con el portavoz de la Aemet al explicar por qué los episodios de lluvias extremas. «Lo primero que debemos entender es que las lluvias torrenciales no son un fenómeno nuevo en España aunque si lo está siendo su intensidad y frecuencia. Nuestro país, y especialmente la vertiente mediterránea, siempre ha estado expuesto a episodios de precipitaciones muy intensas. Lo que está cambiando es el contexto climático en el que se producen. Una atmósfera más cálida tiene capacidad para contener aproximadamente un 7% más de vapor de agua por cada grado de calentamiento, siguiendo la relación de Clausius-Clapeyron. Esto no significa que vaya a llover un 7% más en todas partes, pero sí que, cuando se dan las condiciones meteorológicas adecuadas, las tormentas pueden disponer de una mayor cantidad de humedad y producir precipitaciones más intensas», señala la doctora en Físicas.

Una atmósfera más cálida tiene capacidad para contener un 7% más de vapor de agua por cada grado de calentamiento»

A esto se suma el calentamiento del Mediterráneo, que puede favorecer —continúa Gómez— una mayor evaporación y aportar humedad y energía a la atmósfera. «Y hay otro aspecto importante: el riesgo no depende únicamente de cuánto llueve, sino también de dónde y cómo lo hace. La urbanización, la impermeabilización del suelo y la ocupación de zonas inundables pueden convertir una tormenta intensa en una emergencia de enormes consecuencias», advierte.

Un experto más, el meteorólogo del CIDE-CSIC Carlos Calvo-Sancho, facilita a este periódico la misma explicación: «Lo que está favoreciendo la la mayor intensidad de las tormentas en los últimos años es fundamentalmente una mayor energía en la atmósfera, y esta proviene tanto de la temperatura del mar, del Mediterráneo, como de una mayor temperatura del aire, que permite contener un un mayor contenido de humedad. Es decir, entre el Mediterráneo más caliente y unas temperaturas más altas, eso permite tener una mayor cantidad de energía potencial disponible para el desarrollo de estos sistemas convectivos».

¿Punto de no retorno?

Calvo-Sancho, que es investigador posdoctoral del Climatoc-Lab, un grupo que estudia la meteorología del Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la Universitat de València y la Generalitat Valenciana, señala que «hacen falta distintos estudios» para confirmar que se ha alcanzado un punto de no retorno en cuanto a las lluvias torrenciales. «Lo que sí que está comprobado es que desde el año 2022 las olas de calor son cada vez más intensas y persistentes, y esto a su vez provoca que el Mediterráneo se caliente más. Y en el momento que en altura tenemos una perturbación para que se puedan formar este tipo de tormentas, estas sean más intensas. Pero que se haya roto un punto de no retorno, eso son palabras mayores», aclara.

En los últimos años estamos viendo veranos que en el siglo XX eran inimaginables»

En este sentido, Del Campo agrega que «estamos en un punto de calentamiento acelerado. En los últimos años estamos teniendo veranos que en el siglo XX eran inimaginables. Aunque la ciencia nos decía que este tipo de veranos iban a llegar, nos parecía algo lejano. Pero ya están aquí. Veranos como el de este año, que han durado casi cinco meses, con olas de calor que han durado en total casi 60 días, y con un calentamiento de los océanos y de nuestro propio Mediterráneo batiendo récords. ¿Esto es irreversible? Todavía podemos mitigar los peores efectos del cambio climático si hay una reducción drástica de las emisiones de gases de efecto invernadero, por lo menos conseguiremos que el calentamiento no siga acelerándose. Esto nos permitirá de alguna manera ganar tiempo para adaptarnos, porque la adaptación es ya fundamental. Estamos en un nuevo clima». El portavoz de la Aemet asegura que tenemos que adaptarnos a las lluvias torrenciales extremas y que «cada vez es menor la ventana para mitigarlas».

En la misma línea, Gómez agrega que hay cambios que no podremos revertir a escala humana, pero aún considera que «se pueden evitar impactos mucho mayores». «El calentamiento futuro depende fundamentalmente de las emisiones de gases de efecto invernadero que sigamos acumulando. Si conseguimos reducir de manera rápida y sostenida las emisiones de CO₂ hasta alcanzar las emisiones netas cero, podremos detener aproximadamente el aumento adicional de la temperatura global a largo plazo. Cada décima de grado importa. No es lo mismo un planeta que se caliente 1,5 °C que uno que alcance los 2 °C o los 3 °C», recuerda.

Llueve lo mismo pero de forma diferente

La tendencia muestra que la cantidad total de lluvia precipitada durante el conjunto del año en España es «más o menos la misma desde principios del siglo XX», sin embargo, «sí está cambiando cómo llueve: ya estamos observando —y es lo que apuntan las proyecciones para el futuro— que las lluvias se concentran en periodos más cortos y las sequías se alargan«. Según los datos facilitados por el portavoz de la Aemet, la mitad de toda la lluvia caída en 2026 en España lo hizo «en seis semanas, entre finales de enero y marzo». De esta forma, el agua es «menos útil y beneficiosa» que provoca «más daño que otra cosa» al erosionar terrenos, arrasar infraestructuras o, incluso, causar daños humanos.

Los expertos recuerdan que en el Mediterráneo ya se han dado los llamados ‘medicanes‘ (término que proviene de juntar el término en inglés de huracán y Mediterráneo) con características tropicales. Sin embargo, estos fenómenos «no son ciclones tropicales en sí mismos, sino sistemas que comparten algunos rasgos propios de estos». Del Campo señala, en la misma línea que su colega Calvo-Sancho, que «una hipótesis que hay que estudiar es si precisamente por las temperaturas que alcanza el Mediterráneo (y que alcanzará en próximos años) será posible ver sistemas atmosféricos con rasgos tropicales». El experto del CIDE-CSIC concreta que las intensas lluvias registradas a principios de mes en la provincia de Barcelona, denominadas como «minihuracán» por el president Salvador Illa, pudieron corresponder al «comienzo de una ciclogénesis tropical pura en el Mediterráneo. Algo nunca antes visto». Mientras la ciencia confirma o no esta «hipótesis», este experto no descarta ver huracanes en nuestro país: «Ya veremos en los próximos años».

«En España ya podemos registrar precipitaciones con intensidades comparables a las que se producen en regiones tropicales, pero eso no significa que nuestro clima se esté convirtiendo en tropical. El Mediterráneo también puede desarrollar ciclones con algunas características tropicales, conocidos como ‘medicanes’. Son sistemas diferentes de los grandes huracanes atlánticos y, por lo general, mucho más pequeños. ¿Podríamos ver más fenómenos de características tropicales cerca de España? Es una posibilidad que se investiga, pero no podemos afirmar que los huracanes vayan a convertirse en habituales en nuestras costas», afirma Gómez.

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